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cobijo de ese resto de humanidad sobreviviente, luego de una inmensa catástrofe
          acuática; vale decir, luego de la cósmica lucha de Kay-Kay, serpiente divina de
          las aguas y Treng-treng, serpiente divina de las montañas.
           Por tanto, su nombre está asociado a lo mítico, a lo que fue y a lo que siempre
          será, al eterno retorno de salvar a un resto que sufrirá la cíclica prueba de echar
          a andar de nuevo la evolución humana, luego de malograrse el don de la vida.
           Hasta ahora, tradicionalmente se le había traducido desde nëf y len (obstrui-
          do y ser o estar, respectivamente). O sea, “estar estrecho” o “río de corriente
          angosta y obstaculizada.
           Al empezar la conquista española, este territorio era la parte sur que confor-
          maba la gran provincia pikunche de la zona comprendida entre Atacama y el río
          Biobío. Aquí, Pedro de Valdivia dio al capitán Pedro de León, en encomienda, los
          indios y caciques que habitaban el valle de Chillán. Pero Pedro León la dejó por
          otra otorgada en la ciudad de la Imperial y Valdivia se la da al capitán Hernando
          de Huelva, quien le prestó ayuda en la expedición que este había preparado en
          Perú, en 1549.
           Con fecha 8 de julio de 1552, Pedro de Valdivia le concedió la siguiente mer-
          ced: “En remuneración de vuestros servicios, trabajos, pérdidas i gastos, encomiendo por
          la presente, de parte de SU MAJESTAD, en vos el dicho capitán Hernando de Huelva,
          los clanes de Otogue, Coigueco, Pelel, Niegana e Chilean, con sus caciques nombrados
          Reinoguellan, Tipalauquen, Millamiral, Painelen, Catarongo, Gonachaco, Paivelerma,
          Guanamagua, Güelén, Barrachenque, Languguano, Molomaveen, Tarneco, Tarnande,
          Aneprelan, Caromande, Calmachenque, con todos los demás caciques principales e no
          principales, con todos los indios i sus subjetos a estos caciques aquí nombrados, i a los que
          no lo están, como todos sean subjetos e de la parcialidad de los dichos clanes, que tienen su
          asiento cerca del rio Itata, e otros entre Itata i esta ciudad de la Concepción”.
           Después de 1785, Ñuble formó parte de la jurisdicción de Concepción. La
          Constitución del 20 de diciembre de 1824 la dejó convertida en dos departa-
          mentos de la provincia de Concepción, bajo los nombres de San Carlos de Itihue
          y Chillán, separados por el río Ñuble.
           Sin embargo, la Constitución del 25 de mayo de 1833 le agregó a Maule el
          departamento de San Carlos, y a Concepción el de Chillán.
           Su singularidad territorialidad se restaura el 2 de febrero de 1848, cuando se
          crea la provincia de Ñuble con los dos anteriores departamentos ya mencionados.
          El de Chillán se subdividiría posteriormente, el 10 de enero de 1884, en tres:
          Chillán, Bulnes y Yungay.
           En 1927, la Provincia de Ñuble suma nuevos territorios: el Departamento de
          Itata, quitándoselo a la actual Región del Maule y las subdelegaciones de Qui-
          llón y de Cerro Negro, restándoselas a la Provincia de Concepción. También


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